Cartas de la retaguardia

Los poetas son una gentuza abyecta que se aprovecha de su superioridad moral e intelectual para dominar, manipular y amortizar las tendencias e ideologías con el único fin de disfrutar de piscinas olímpicas y helados de corte en cualquier momento del año.

Lord Byron

 

El corredor del Henares es un lugar de conflicto endémico. Unos poetas rudos, de campo, defienden la isoglosa del manchego-toledano frente a la ortodoxia acentual de los poetas pijos del centro de la capital. Merodean por allí con un Nissan Patrol repleto de galgos y le recitan unos endecasílabos al primero que no rasque la J al decir “ejque”. Una infracción de este tipo ejerce de lacanismo, se ponen tan furiosos que echan espumarajos por la boca convulsionados y con los subbuffers zumbando bases hip hop bailan pendularmente mientras recitan como perros rabiosos.

Han heredado esos fonemas de los árabes, son los dueños de la aparición de los artículos determinantes, sus abuelos elevaron el latín al romance.

Desde sus nidos de ametralladoras tatúan elegías en la piel del enemigo y a los que sobreviven les soliviantan quemando fotos de estrellas del pop que han redundado en el tópico de la canción de amor durante la movida madrileña.

Beben anís y en navidad comen migas.

Tienen un grupo de operaciones especiales que se dedica a hacer llamadas al azar y recitar versos de Nicolás del Hierro al otro lado de la isoglosa, si intentan colgarles empiezan a ofertar tarifas planas para “Jara y sedal” y suscripciones para el “círculo de lectores” con tal tenacidad y valor que pocos sobreviven al primer mes de servicio.

Han prohibido las cartas de amor desde la retaguardia. La mujer manchega es seca y ardiente, y sus poemas rudos y contenidos crean tal conmoción en la tropa que muchos de ellos enloquecen. Empiezan a aullarle a la luna exponiéndose mortalmente al enemigo.

Lamentablemente una epidemia se ha extendido entre ellos: Youtube, Netflix y otras mierdas que se han colado clandestinamente en la trinchera minan la ortodoxia de su lenguaje manchego ancestral infestándolo de anglicismos. Las bajas son escalofriantes, cada día cientos de hombres se abren una hipoteca en el Santander para comprarse un piso en Seseña, que incluye una Citroën Picasso y un chiguagua. Se empiezan a llamar “hermanos” los unos a los otros en vez del clásico “primo” peninsular. Esta táctica del enemigo, europeo y cosmopolita parece infalible. Si todo sigue así reabrirán el aeropuerto de Ciudad Real y el pueblo de Noez tendrá un alcalde de Bristol.

Los caídos yacerán con sus versos en el bolsillo de la chaqueta caqui, esperando a que el agua de mayo les cubra de flores que pisarán las familias de domingueros.

Os quiere vuestro chico trabajador

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Pintura triste para música europea