Una semana de reencuentros

No sé cuantos de vosotros sabréis que hice alguno de mis primeros pinitos en el mundo del arte en el cine. Junto a un socio de origen eslavo, Gigi Ouzounoff, rodamos un corto en el que “yo” moría en un inverosímil accidente textil. Este deslumbrante minuto cinematográfico cegó al jurado del notodofilmfest, que nos nomiraron para el primer premio junto a insignes nombres como el de Nacho Vigalondo o Daniel Sánchez Arévalo. De ahí saltamos al festival de cine independiente de Rhinebeck NY, y como siempre a un escandaloso final donde fuimos proyectados antes de Almodóvar en Delph, en el festibérico. Pero no iba a eso. Camaleónicos, mon ami et moi, decidimos convertirnos en pintor y marchante. Con absoluta diligencia Mr. Ouzounoff me consiguió una entrevista con Santiago Echeverría. No quiero ni imaginar lo que pensaría cuando vio entrar por su puerta a un pipiolo con granos en la cara junto a su “marchante”, un crío que mezclaba en el bolsillo los cromos con los condones. No me lo ha debido tener demasiado en cuenta, pues hace un par de días que nos vimos y tuvimos una larga conversación sobre el bien y el mal y me dejó gorronearle todos los pitillos que me dio la gana.


Yo ya sabía que esta semana iba a ir de reencuentros. Ana García y Alberto Romero venían a inaugurar su exposición en Nolde. El sábado, junto a Alfoso Luque y Almudena, nos fuimos a comer a un Restaurant en frente de la galería La Fabrica (Sede de los notodofilmfest, notodophoto…)
¡Un rayo flameante iluminó el potaje!
Al postre descubrimos que camuflado entre los ajados manteles de cuadros, el director Victor Erice (el del “Sol del membrillo”) fetiche de todos los que somos asiduos a los talleres de Antonio López, como Ana, Alfonso, Alberto y yo. Comía y leía el periódico en idéntica proporción. Le presentamos nuestro respeto y admiración para vergüenza generalizada, la suya y la nuestra.
Así nos fuimos a dormir, dispuestos a tomar Navacerrada en medio del temporal, al día siguiente. Este fue el enésimo encuentro con la obra de los catalanes Alberto y Ana. Me vais a dejar que me ponga serio un momento.
Esto va para todos los pintores.
La pintura es un medio. Cada uno puede decidir en que liga juega.
Hay mucha pintura buena que no pretende trascender. No se puede negar la dignidad de esta pintura y el valor que tiene el saber hacer. Pero los catalanes no se conforman con eso. Buscan el ARTE con mayúsculas. Entonces… ¿Por qué coño pintan unas judías en un plato?
Roman Opalka desafió al vacío y a la eternidad de una manera parecida con su única e infinita obra (1- infinito). Pasó toda su vida haciendo una interminable lista de números naturales, para que la gente no dudara de su sacrificio hizo grabar todas sus sesiones en un magnetofón. Cada vez que insertaba un dígito lo enumeraba en alto para dejar constancia.
Como para Roman Opalka, lo más importante es el camino en si mismo pero a diferencia de éste, y como por arte de magia a Alberto le aparecen unas judías más vivas que cualquiera de las que crecen de la tierra. Honestidad, fatalidad y habilidad.
Por la inauguración aparecieron muchas caras habituales, entre ellas la de mi antiguo marchante Gigi Ouzounoff, pero sobre todo pintores. Era el día de los reencuentros, Antonio Mateos, Eloy Morales, Rafa… hubo uno que destacó de entre todos.



Antonio López se subió un día de temporal hasta Navacerrada para ver esta exposición. Algo debe ver en su obra, supongo. Este fue sin  duda “el reencuentro” del fin de semana.